Hace poco tuve la oportunidad de lanzarme al vacio en parapente y hoy en este día de ocio me puse a pensar en la similitud de ese proceso con una experiencia humana básica: Enamorarse. Paso 1: Atrévete te te:
La primera y única instrucción que me dio el experimentado señor que me iba a llevar en el parapente como su pasajero fue “panita, vamos a comenzar a correr hacia ese barranco, no dejes de correr hasta que yo te diga, incluso si sientes que no tocas el piso, sigue corriendo ¡ok!”.
Esa instrucción, un poco rara pero bastante clara, se me parece mucho a algo que uno debe tener para enamorarse: Valentía, atrevimiento, [inserte el sinónimo que desee]... Incluso cuando puedas llegar a creer que todo el piso que te sostenía ya no está bajo tus pies, ¡sigue corriendo! Atrévete sin miedos a dejar ese espacio en el que caminas y comenzar a vivir de una forma diferente, a sentir ese hueco en el estomago que es indescriptible pero que todo el que se ha enamorado sabe que significa, a verlo todo desde otro punto (desde el cielo), a respirar un tipo diferente de oxigeno (el que se siente a 2000 metros de altura sobre el nivel del mar) ¡para que caminar si puedes volar, para que temer si te puedes enamorar!
Paso 2: Confía
Una vez acatada la instrucción vino algo aun mas difícil; a 2000 y pico de metros sobre el nivel del mar, a más de 100 sobre el suelo más cercano, uno debe confiar en un carajo que maneja un parapente [unos hilos amarrados a un pedazo de algún polímero con forma curva que tiene unas bocas por donde entra el aire necesario para suspender peso en el aire.], ¡vaya confianza!. En el caso del amor el proceso es similar, debes confiarle parte de tu felicidad a alguien que vas a ir conociendo, estando con los pies en la tierra puedes alcanzar el cielo si esa persona en quien confías sabe valorar lo que significa tal gesto. En palabras del Padre José. M Rey “amar es dar, más que dar es Dar.Se”
Paso 3: Disfruta el Vuelo.
Luego de que te atreviste a lanzarte al vacio y logras confiar en las destrezas de tu compañero de vuelo, lo que viene es sentarse a disfrutar la felicidad de estar volando, es buscar la corriente de aire más adecuada y sentir la adrenalina de hacer alguna pirueta, es estar en silencio y simplemente contemplar la grandeza del paisaje desde los cielos, es sentir que el tiempo no pasa, es desear no llegar jamás a tierra de nuevo, es simplemente ¡VIVIR!
Aunque mi próximo desafío, después de haber hecho Péndulo, salto al vacío, Parascending y Rappel, es lanzarme en paracaídas, Creo que nada se podrá comparar con la singular experiencia de haberme enamorado, digo, de haberme lanzado en parapente.
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